Un negocio para prosperar

La crisis nos ha golpeado con fuerza a todos, a unos con más intensidad que a otros pero en definitiva con lo que de verdad nos quedamos es con el fuerte daño que nos ha producido. Creo desde mi punto de vista que los que tenían un negocio lo han llevado peor, renunciar a tus sueños de la noche a la mañana no debe ser precisamente buen plato con el que levantarse cada  mañana, la inversión hecha, y la gente que trabaja a tu servicio teniéndola que dejar sin un trabajo. En el sector donde mejor podemos ver este tipo de desastre es en el de la construcción, sabemos de primera mano que la caída del ladrillo hizo mucho pero que mucho daño a un montón de empresas que tenían obras a media y que no pudieron terminar, y las que lo hicieron se quedaron sin cobrar, de hecho vemos como en muchas ciudades el abandono de muchos edificios sin terminar son muy fácil de encontrar.

Claro evidentemente esas personas pasaron de vivir muy bien a volverse la situación un poco más complicada, a tener que recurrir a otro tipo d cuestiones como es la venta de sus casa, otros la venta de sus coches e incluso otros la venta de la maquinaria con la que trabajaban. En muchas ocasiones las deudas los han hecho buscar incluso unos desguaces de maquinas excavadoras en los que pode venderlas y sacar de esa manera la cabeza del barranco. La verdad que hubo un tiempo en los que muchos vieron la construcción como un negocio para prosperar y la verdad que no iban mal encaminados, el problema residía en lo que trajo la crisis, según los entendidos en querer vivir por encima de nuestras posibilidades lo que hizo que se vieran en esa situación tan desagradable.

A día de hoy muchos de los que quisieron ser unos buenos constructores con una buena empresa en sus manos, dedican sus vidas a otros menesteres, otros sin embargo los que no tuvieron que vender nada de su maquinaria hacen todo lo posible por encontrar pequeñas obras en las que sacar por lo menos un sueldo digno. Y es así como cada uno de una manera o de otra intenta sacar la cabeza como puede, sabiendo que las cosas nunca jamás podrán volver a ser como antes, por mucho que pase la tormenta.